21 de octubre de 2017

Cómo sobreviví a la Survival Zombie de Madrid y no morí (de aburrimiento) en el intento.


¡Buenas de nuevo piratillas! (o lo que diantres seáis, que hoy en día las etiquetas son muy difusas).

Hoy vengo a hablaros del magno evento que se celebró el pasado 20 de octubre en Madrid: la Survival Zombi. Para quien no conozca el asunto y de manera resumida, os diré que se trata de un rol en vivo en donde hay zombis (obvio) y tienes que llegar al final del juego de una pieza. Si eres alcanzado por un actor (osea, que el actor de turno hace “matarile” a tu personaje), te tunean un poco y… ¡voilá! Ya eres un zombi hecho y derecho (qué orgullosos estarán tus padres ¿verdad?). Vamos, como si te metieras de lleno en una película de muertos vivientes con tu hermósida persona como protagonista. 

Dicho esto, World Real Games (los organizadores y responsables del evento y de otros de igual temática) decidieron dar un paso más allá de los pueblos y poblaciones pequeñas para meterse, en esta ocasión, en la ciudad capital. Como buen amante de los zombis, esta era mi tercera incursión en el mundillo del “correquetecomo” y tras experiencias anteriores satisfactorias, me decidí a acudir al organizado en Madrid, aunque ya asumía que algo sería distinto… 

Sin duda un pueblecito tiene su encanto: es terreno desconocido para muchos, hay tranquilidad (dentro de lo que cabe), ves unas buenas actuaciones, hay hordas ingentes de zombis (más te vale estar al día con el cardio o vas apañado) y encima, la organización se lo curra metiendo escenografía como camiones, equipo militar, helicópteros… vamos, que si no te metes en el papel es porque tienes poco sentido de la aventura (o bien, eres eunuco). 

Pero la ciudad… ¡hay la ciudad! Sin duda el pasado día 20 quisieron abarcar más de lo que podían, ya que desde el minuto uno todo empezaba a ser un despropósito: desde los cambios de ubicación del check-in para poder jugar, pasando por la falta severa de información y malas actuaciones de algunos actores, ausencia prácticamente total de zombis (en un evento con muertos vivientes es irónico no encontrarlos) y, sobre todo, la ausencia de trama. Seguramente los guionistas, al igual que en otras ocasiones, se curraron una historia digna de película de serie B (que es lo que mola, para qué engañarnos), pero siendo sinceros, en la Survival Zombi de Madrid esto no se vio… en absoluto. Tan pronto hacías de reportero improvisado para ver qué pasaba en la ciudad, como eras un acólito de una logia de… ¡extraterrestres que hacen vudú y quieren dominar la tierra! Para más inri, al segundo después podías ver que había unos monjes shaolines que luchaban con los bichos estos del espacio exterior a base de poderes mentales… ¿sencillo? En absoluto, ya que los vídeos que supuestamente te ofrecían pistas y debían orientarte sobre la historia que estabas jugando no tenían NADA que ver con la trama. En estos se mostraba a una parejita haciendo su footing mañanero que encuentra un muerto en el bosque (que resulta ser un zombi) y terminan pidiendo ayuda por las redes sociales (es que el chaval era periodista y el informar a la gente era superior a él… criaturita). En fin, el caso es que al final, todo se resume en que la plaga de zombis es organizada por el Gobierno para controlar a la población… ya sabéis, lo típico de “me cargo a unos cuantos, que ya somos muchos”. 

Muchos os preguntaréis… ¿Qué cojo*** tiene que ver eso con los marcianos/zombi/vudú y los shaolines mentalistas? Pues bien, esa pregunta se la hecho mucha gente y aún no hay respuesta. 

¡En fin! Metiéndome un poco en materia, he de reconocer que pese a la desastrosa organización y la pésima idea de hacer perder tiempo (y el dinero) a la gente con desplazamientos eternos, me lo pasé muy bien. Cierto que tras casi 5 horas solamente vi a 5 zombis y lo máximo que llegué a temer por mi “vida” fue cuando un Z se puso en modo Usain Bolt, pero como mi querida compiloto Nindë (es compañera y copiloto/navegador en los viajes en coche ¿pasa algo?) tuvo el detalle de acompañarme en esta aventura, todo fue más ameno… y como viene siendo habitual cada vez que nos juntamos, pasaron cosas dignas de mención, así que vamos al lío. 

Tras ataviarnos con el material necesario y acudir al punto de inicio en la plaza de toros de Las Ventas, vemos a los primeros supervivientes afanados en memorizar la primera misión: echar agua teñida en la fuente de un parque cercano y a continuación desplazarse al Planetario, donde habría alguien que nos daría más instrucciones (hombre parco en palabras la verdad). Empezamos ilusionados y vemos el vídeo de arranque del evento (el de la parejita moñas que os decía antes), el cual no nos aclara demasiado sobre la trama del juego o qué tenemos que hacer en concreto… vale, tirar agua a una fuente, pero ¿por qué? Sin darle demasiadas vueltas al asunto seguimos y nos plantamos en la fuente, yo hago un numerito algo esperpéntico lanzando el agua mientras Nindë me graba (que era la prueba para hacer la siguiente fase) y acto seguido enfilamos al metro hacia el planetario… y aquí nuestro primer viaje de casi media hora de metro. Salimos al exterior y… empieza la des-ventura. 


Tras un rato buscando a “alguien que nos dé instrucciones”, vemos a una especie de Glenn (el de Walking Dead) sujetando a una Z y dando unas instrucciones a unos supervivientes. Poco a poco nos vamos acoplando hasta que VitroGlenn (tenía que hacer la gracia, lo siento) repara en nosotros y nos pregunta secamente por nuestro color… ¿nuestro cualo? Ni en el check-in ni en el inicio del juego nos han dicho nada al respecto. Al ver nuestra cara de póker, aclara que se refiere al color del mapa que tenemos (ya podía haber empezado por ahí), tras lo que alegremente respondemos que verde… y directamente nos manda a freír espárragos. 

Nuestra cara ya subió a repóquer… ¿cómo que nos larguemos? ¿Y la prueba? Simplemente nos dijeron de buscar a UNA persona para recibir instrucciones y… 

- ¡Médico Zombi!
- Tranquila, no tiene el brazalete rojo así que seguramente no estará participando en el…
- ¡Que vieneeee!
- ¡Cagüen! ¡Correee!

Bueno, como iba diciendo antes de ser interrumpido por un ser no identificado, aquí empezó lo que iba a ser la tónica del día: escasas o nulas informaciones, lo que sumió a los jugadores en un caos y una frustración increíbles por no saber, sencillamente, qué hacer por algo por lo que habían pagado (y si no me creéis echad un ojo a las redes sociales). 

Tras dar un pequeño e infructuoso reconocimiento por la zona, no vimos zombi o monitor alguno de más, eso sí, había muchos niños que lejos de acobardarse, se liaban a hierbazos (literalmente) con el zombi de antes… y luego estaba el malote de turno que se metía con la gente, llamándoles cobardes por huir de los actores zombificados, que si teníamos miedo, que por qué corríamos… típico caso de un ser sin amor y falto de atención (y de alguna que otra galleta).

- ¿Cuánto llevamos ya?
- Déjame que mire el reloj… pues una media hora desde que salimos del metro.
- ¿Y si miramos por arriba?
- Bueno, ya que estamos… porque aquí va a ser que no hay nada.
- Mmmm… ¿Hueles eso?
- ¡Yo no he sido!
- No me refiero a eso idiota… ¿no hueles a quemado?

En efecto, pese a que mucha gente empezaba a quemarse por no saber a dónde ir y enterarse del mecanismo del juego sobre la marcha, lo de oler a quemado era literal. En un descampado cerca del Planetario empezó un pequeño incendio, que si no llega a ser por un par de audaces transeúntes medio parque habría quedado calcinado. Así mismo, Nindë y un servidor aportamos nuestro granito de arena: yo escalé la valla que separaba el lugar para echar una mano, mientras Nindë rellenaba unas botellas que teníamos en una fuente cercana y me las iba pasando (vamos, que hizo de aguadora). Y ahí estábamos nosotros, en plena “partida de zombis” ayudando a apagar un fuego. Lo mejor de todo es que entre viaje y viaje reponiendo agua, Nindë descubrió dónde teníamos que ir… ¿Cómo demonios lo hizo? Una cosa es ser multi-tarea y otra muy distinta andar con un ojo puesto en los zombis, otro en el fuego, ir corriendo a rellenar botellas y de paso, informarse sobre cómo seguir en el juego… y yo que iba de guay porque era mi tercera vez en un Survival y Nindë era novata. 

¡Seguimos! Una vez apagado el fuego y oyéndose a los bomberos de fondo (a buenas horas), el equipo Piradrows se dirigió raudo y veloz a la parte alta del Planetario, en donde cómo no, había una Z de las que corrían cortándonos el paso y otro responsable (mapa azul, toca seguir buscando) pasmado cual maniquí. Tras un análisis de la situación, se establece un plan de ataque al más puro estilo “El equipo A”:

- Tenemos que abrirla…
- Sí, en canal.
- No bobo, me refiero a rodearla para que salga de la rampa y luego ir corriendo hacia abajo.
- Aahh… ya decía yo que lo otro era muy radical.

Casualmente antes de iniciar nuestra maniobra, otro grupo llamó la atención de la Z y salió de su refugio, por lo que tras unos escuetos quiebres logramos pasar la barrera y seguir (una vez más) buscando a nuestro dichoso intermediario. 

Dicen que el tiempo es relativo, pero creedme cuando os digo que es relativamente un coñazo cuando estás una hora buscando a una persona, máxime cuando no te han dado indicación alguna y las pocas que has recibido, son erróneas. Por suerte, nos encontramos con un grupo de 4 supervivientes que buscaban lo mismo que nosotros, así que tras intercambiar información y caminar un poco encontramos a nuestro enlace (¡¡por fin!!), quien resultó ser una tipeja estirada con palos pintados en la cara (por ahí me dicen que eran runas) y que estaba afanada en una especie de ritual. Nos sienta a todos como un único grupo y nos cuenta no sé qué rollo sobre un ritual mágico, sobre unos dioses, sobre que sus compañeros han muerto pero están pululando por ahí… y que necesita un sacrificio humano. Nuestras caras en plan “¿ya se nos ha acabado el juego nada más empezar?” era de foto. Total, que tras varias explicaciones rarunas, uno de los supervivientes del otro grupo tiene que coger una daga de un zombi que está cerca, lo cual hace sin problemas.

La cara-runa ahora nos suelta que necesita a dos personas para sacrificar (otra vez, se ve que le mola), mientras el resto de compañeros continúa la prueba. Como ya habíamos perdido mucho tiempo y tenía ganas de seguir el juego, me ofrecí como voluntario… craso error. Resulta que la siguiente prueba era en el Templo de Debod, el cual está a casi una hora de camino… ¿estamos tontos? ¿Nos tenemos que quedar ahí casi dos horas hasta que vuelva el resto? Además, mi grupo era Nindë y así nos separaban de mala manera. La runa-loca seguía erre que erre con el tema del sacrificio, de superar la prueba y demás, pero al ver nuestras caras de reprobación y oír a Nindë decir que si yo me tenía que quedar ella también lo hacía (¿a qué es mona?), nuestra maestra del vudú cambio de tercio (o puede que lo tuviera ideado así desde el principio, vete tú a saber). 

El nuevo plan era que alguien tenía que dejar la daga (recogida antes) en el zombi de donde se sacó. No valía tirarla ni apoyarla sin más, había que acercarse y dejarla en la espalda del no-muerto. Si se hacía bien, los dos “voluntarios” seríamos libres y podríamos ir vivitos de manera oficial al Templo de Debod.

- ¿Quién irá a dejar la dag…?
- Anda trae, ya voy yo que si no…
- Una cosa más… si fracasas todos estaréis muertos…
- ¡Hey! ¡Eso no fue lo que dijis…
- Tienes diez segundos… diez, nueve, ocho…
- ¡¡La madre que m…!! (sonido del correcaminos).

Pese a todo, creo que la jugada de hacerme ir corriendo a dejar la dichosa daga jugó en mi favor, ya que el Z no estaba preparado y aún estaba cuan largo era tirado en el césped, por lo que para cuando se quiso incorporar para hacerme algo, yo ya estaba lejos de su alcance y volviendo con el gru…

- ¡Alzaos mis siervos y matadlos!
- ¡Cojón de pato! (otra vez a correr).

Aquí el grupo al que nos acoplamos nos dejó tirados de mala manera (el típico sálvese quien pueda), mientras que Nindë y yo nos localizamos visual y estratégicamente (que bien suena ¿verdad?) para rodear a los zombis y las esculturas del parque y salir a toda leche de lugar.

- ¡¡Corre que vienen!!
- ¿Sabes? ¡Esto me recuerda a cuando corríamos para pillar el autobús!


Exhaustos tras el intenso sprint, tomamos el metro hacia Príncipe Pío y posteriormente nos dirigimos a Debod, donde para no variar, nuestro enlace no estaba donde debería. Casualmente volvimos a encontrarnos con el grupo de la prueba anterior y con ellos, tras dar un par de vueltas, huir de un zombi aburrido y hacer pesquisas, encontramos al menda en cuestión.

Ahora es cuando la cosa se pone rara. Nos dice que pertenece a La Logia, quienes provienen de las estrellas (marcianos, vamos) y que buscan elevar a la humanidad a un nivel superior. Nos advierte sobre los monjes, que no nos fiemos de ellos (¿por qué, acaso nos van a rapar la cabeza?) y que debemos ser uno solo. En resumen, metes en una coctelera extraterrestres con mente colmena, zombis de un plano superior pese a que parezcan los de toda la vida, unos misteriosos monjes y frases en plan La Momia “la muerte es sólo el principio” y… ¡¡Tachán!! Ya tienes algo parecido a una trama… aunque rara de cojones, todo hay que decirlo.

Tras el comedero de coco viene la prueba en cuestión, que consistía en poner a una persona del grupo tras un banco (de los de sentarse ¿eh?) con los símbolos de los planetas, mientras que otro sin hablar y por señas, tenía que lograr que el primero los dibujara en el suelo. Aquí ni Nindë ni yo hicimos nada, ya que el grupo con el cual coincidimos una vez más tomó las riendas… aunque a duras penas pasaron la prueba.

- Yo conozco esos símbolos… mira, ese de ahí es Júpiter, ese es Marte, ese… 
- ¿Cómo es que sabes los símbolos de los planetas?
- ¡Sailor Moon chaval! Para que luego digan…

El siguiente destino era el Arco de la Victoria, en Moncloa, donde teníamos que dejar tierra recogida en el Templo de Debod… mmmm, que yo sepa no se puede entrar ni acercarse al Arco, ¿cómo lo haremos entonces señor del espacio exterior? 

- La muerte es vida… y recordad sed uno.


Cojonudo. Le suelto eso a un guardia que me pille cruzando la autopista para dejar tierra en un monumento y de la bofetada me manda al calabozo… o al psiquiátrico. En fin, Nindë y el menda vamos con calma dando un paseo (tras 5 horas seguidas sin parar las rodillas se resienten) y decidimos quedarnos en el borde de la autopista, dentro del Parque del Oeste y desde ahí hacer la foto de rigor como prueba de nuestra hazaña. Si les sirve bien, si no, para casa que nos vamos. Ya solo quedaba ir un poco más lejos (a la Facultad de Medicina) para encontrar al enlace. Por suerte para nosotros el susodicho sí estaba en su sitio ¡el primero en todo el día! Tras la típica charla insulsa y sin aclarar mucho de la trama, nos mandan al parque que está enfrente de la facultad, ahí debíamos encontrar a un “sub-ser” y sacarle sangre (y yo que pensaba que lo de la arena era pasarse). Una vez hecho, tocaba verter su sangre en una fuente de Plaza de Castilla.

El tema de tener que hacer 45 minutos de viaje para ir a la otra punta de Madrid, siendo las 10 de la noche, no nos motivó demasiado, pero ya que teníamos cerca el parque, al menos íbamos a buscar al sub-ser. Éste resultó ser un monje shaolín y no un zombi, quien gracias a sus poderes místicos cual Dr. Extraño de San Blas, hace ver a La Logia lo que él quiera. En teoría, los monjes son los buenos y quieren evitar que la humanidad muera y bla, bla, bla, así que si le creemos nos da la opción de ir a su templo… el cual está más lejos aún que si seguíamos las órdenes de los marcianos. Visto lo visto y las horas, Nindë y yo nos rendimos y decidimos dar por terminado el juego, con 4 pruebas superadas y ratos memorables. Toca fumar un piti tranquilamente en un banco (sí, otra vez de los de sentarse) antes de la vuelta a casa, que el cansancio se nota.


¿En resumen? Pues algo decepcionado, para qué mentir. Apenas había zombis, muchas de las pruebas eran simples y estúpidas, los desplazamientos eran excesivamente largos (sin contar con el gasto extra que ello supone), la trama ha brillado por su ausencia y el cuaderno con acertijos que nos dieron… bien se podía haber quedado en casa porque no ha servido para nada. Obviamente montar algo así en la capital es complicado, pero deberían haberlo pensado mejor o hecho en una zona más acotada. Cuando hacen estos eventos en los pueblos la inmersión en la aventura es increíble, pero aquí… yo lo siento pero los eventos zombis pro-ciudad se han acabado para mí. Los pueblecitos son otra cosa.

Huelga decir, además, que la coordinación fue nefasta. Casi ninguno de los responsables o actores sabía a ciencia cierta dónde estaban sus compañeros, por lo que perfectamente te podían mandar en una dirección opuesta a la que era (como de hecho nos pasó). En cinco horas de juego vimos 5 zombis, por lo que de Survival tenía más bien poco, así que… un poco nefasto todo. Si lo sé, no vengo.

- Venimos.
- Eso, venimos.

No obstante, he de reconocer que me lo pasé bien. Duele un poco el haberse gastado tal cantidad de dinero para algo tan cutre pero bueno, no todo fue un completo desastre y ha servido para tener otra curiosa experiencia con Nindë, que hace tiempo que no la veía (como ahora se me va por otros mares no hay pirata que la vea). Además, cada vez que salimos se lía alguna digna de un programa de provincias…


- En el próximo incendio tú te encargas del agua…
- Hecho.

Pues eso… hasta la próxima y recordad sed uno… o algo así.


4 de mayo de 2017

Mirai Nikki: Diario del Futuro (by Nindë)


  
Hoy, me complace presentaros un anime bastante peculiar. Peculiar en el buen sentido, claro está. Más que nada, porque mantiene una de las historias más originales hasta la fecha (y eso que he visto unas cuantas). Nada más y nada menos, os hablo de Mirai Nikki (Diario del Futuro).

El anime está basado en el manga del mismo nombre, escrito e ilustrado por Sakae Esuno. Fue editado en la revista Shōnen Ace desde el 26 de enero de 2006 hasta el 27 de diciembre de 2010 y fue compilado en 14 volúmenes publicados por Kadokawa Shoten, incluyendo dos historias paralelas, Mirai Nikki: Mosaic y Mirai Nikki: Paradox.

Como dato curioso, deciros que en noviembre de 2008 el séptimo volumen del manga figuró como el vigésimo primer manga más vendido en Japón. El volumen se mantuvo en el top 30 durante esa semana, a pesar de que bajó al puesto 25.

Para poneros un poco en situación, esta historia nos presenta a nuestro protagonista masculino: Yukiteru Amano. Sobre él, me explayaré a continuación, pero os adelanto que es un estudiante de segundo año de secundaria solitario e introvertido. Este chico gasta todo su tiempo escribiendo un diario en su móvil (¿dónde quedaron los antiguos cuadernos con el candado medio roto…?) y su único amigo, supuestamente, es un producto de su imaginación: Deus Ex Machina, el Dios del Tiempo y el Espacio. Dicho esto, un buen día este dios le da al diario de Yukiteru la habilidad de ver lo que sucederá en los siguientes noventa días en el futuro, y enrola al muchacho en un torneo a muerte donde deberá luchar por su vida contra los poseedores de otros diarios similares (junto con él, suman doce en total).
 
Bien. Pues esta, es la trama principal: un juego mortal de supervivencia, donde los poseedores de los diarios deben matarse los unos a los otros hasta que solo uno quede en pie (cual película de los Inmortales, sin ir más lejos), porque de lo contrario, el mundo se acabará. Sí, se acabará. Pero ¿por qué? Pues porque Deus Ex Machina está muriendo, y necesita un sucesor que controle tanto el espacio, como el tiempo. Ahí es ná.

Tal como había dicho, me centraré por ahora en el protagonista masculino: Yukiteru. Es de los personajes principales menos carismáticos que he visto. Posee un carácter sumiso, tranquilo y, sobre todo, asustadizo. No tiene ningún plus a su favor. Ni siquiera su inteligencia es algo que destaque en él. Posee el «Diario del Observador» y su gran desventaja es que no le dice lo que le está sucediendo a sí mismo en el futuro, por lo que le hace vulnerable. No obstante, para protegerse de los demás poseedores de diarios que intentaran asesinarlo, este chico utilizara a Gasai Yuno, una chica también poseedora de un diario y que está enamorada de él.

Llegados a este punto, os hablaré de la protagonista femenina: Gasai Yuno. Bajo mi opinión, es uno de los puntos más fuertes de este anime. Esta chavala de melena rosa y mirada siniestra, es una auténtica psicópata en potencia. Cuando digo “psicópata en potencia”, estoy siendo más que considerada, teniendo en cuenta su grado de locura. ¿Recordáis, por algún casual, al conejo siniestro de la película de Donny Darko? Vale, pues esta chica es como doscientas veces peor que ese terrorífico orejudo. Cuando veáis este anime, entenderéis por qué os digo esto, creedme.

Debido a que nuestra “dulce” protagonista acosa de manera constante a Yukiteru porque está obsesivamente enamorada de él, es la poseedora del «Diario del Amor» (sin comentarios). Esto, le permite saber lo que el chico está haciendo o lo que le sucede cada diez minutos. No obstante, Yukiteru sacará partido de esto, puesto que utilizará a Yuno con el mero propósito de sobrevivir para las batallas contra otros usuarios de diario.

Y ahora, ¿qué ocurrirá? Pues os diré que la historia mezcla la intriga, el suspense, el drama y la acción. Incluiría también amor, pero, si me permitís la opinión, sería demasiado enrevesado. También advierto que pertenece al género gore y thriller psicológico. Es decir: sangre, sangre y más sangre. A esto, le sumáis cabronadas que jamás esperaríais y escenas que puedan dañar la sensibilidad del espectador, y ya tenéis un Juego de Tronos en versión anime (aunque sin ese aire medievo-novelesco). Con esto, os digo todo.

La adaptación del manga al anime, fue producida por Asread y dirigida por Naoto Hosoda, consistente en veintiséis episodios emitidos a partir del 10 de octubre de 2011. El diseño de los personajes fue hecho por Eiji Hirayama y Ruriko Watanabe, y un episodio piloto de ocho minutos fue incluido con la edición limitada del volumen once del manga, publicado el 9 de diciembre de 2010.

¿En resumen? Mucha acción, metodología de estrategias que asombran, animación muy bien realizada en las escenas de acción y, un gran punto a favor, es que comparte gran similitud con el manga. Realidad, locura, trastornos de la mente tanto en el interior como en el exterior, y más de un deseo reprimido de querer ser alguien diferente a lo que eres y no aceptas.

¿Mi nivel de recomendación?: en esta ocasión, me quedaré con un «aceptable».




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15 de diciembre de 2016

Kaichō wa Maid-sama! (by Nindë)


Hoy venimos a hablaros de «Kaichō wa Maid-sama!», o más conocida como «¡La Presidenta del Consejo Estudiantil es una Maid!» en Español.

Está considerada como una de las mejores series shōjo (nos permitimos recordaros que son mangas o animes dirigidos especialmente a la audiencia femenina adolescente, y que la creadora, en este caso, es Hiro Fujiwara), puesto que sumando el conjunto del trazo del dibujo, la historia, y tanto los personajes principales como los secundarios, es un manga muy completo.

La historia que nos presentan es la de Misaki Ayuzawa, la primera chica Presidente del Consejo de Estudiantes en Seika (un instituto con apenas 20% de mujeres, ante un 80% de hombres). Nuestra protagonista (quien se toma muy en serio su cargo desde el momento en que coge las riendas), toma en sus manos el poder para hacer sentir seguras a las chicas, ganándose una muy mala fama de dictadora feminista entre los alumnos varones.

Pues bien, el intríngulis de este divertido relato, se centra en que Misaki trabaja a tiempo parcial en un Maid Caffé Latte (establecimientos donde el personal atiende a los clientes vistiendo un cosplay), hecho del cual, en un principio, se avergüenza profundamente, y que choca de entrada con el fuerte y serio carácter de la joven.

Desafortunadamente, Usui Takumi, nuestro protagonista varón de esta tragedia griega, y el chico más popular del colegio (no solo entre las chicas, sino también entre los chicos), se interesa en ella tras verla vestida, por casualidades del destino, con su uniforme de maid.

Contra todo pronóstico (ya, claro…) acepta guardarle el secreto, lo que desembocará en una multitud de situaciones extremadamente cómicas y di- vertidas entre los dos, y entre todos los que rodean a nuestra pareja de protagonistas.

Uno de los puntos básicos que nos ha llamado la atención en esta ocasión, es que el romance está muy bien balanceado, puesto que los protagonistas se complementan a las mil maravillas (si, parezco el genio de la lámpara). 

Por un lado, tenemos a Usui. Su fuerza a nivel protagónico es uno de los puntos más fuertes de esta historia. Eso, sumado a su personalidad misteriosa, pasota, e incluso un tanto retorcida, junto a su talento innato para realizar a la perfección cualquier tarea, lo convierte en el personaje por excelencia. 

No obstante, respecto a esto debemos reconocer que Usui es demasiado perfecto. Rubio, alto, fuerte, buena persona, sabe cocinar… Venga, vale. Reconozcamos que Disney ha causado un daño irreparable idealizando al príncipe azul de cuento que todas deseamos encontrar, pero esto es demasiado, creednos. Habiendo puntualizado esto, coincidimos en que el personaje resulta muy interesante, fresco y gracioso; y aunque parezca despreocupado, en realidad presta una indudable atención a to- do lo que ocurre, especialmente alrededor de Misaki.

El segundo punto a destacar es la propia Misaki. Por un lado, tenemos su faceta de «presi demoníaca», a causa de ser extremadamente exigente y tener una actitud agresiva hacia los chicos. Sin embargo, el trasfondo de su comportamiento radica en el abandono de su padre, quien acumuló una enorme deuda y, tras desaparecer un día, dicha deuda se le adjudicó a su familia. Por el otro lado, Misaki ha demostrado tener un gran corazón, y los que la conocen ven que en realidad es muy justa y que está dispuesta a ayudar a cualquiera que lo necesite, predominando en todo momento tanto su carisma, como su trabajo duro, puesto que nunca tira la toalla.

¿Otro punto a favor de este shōjo? Los personajes secundarios. No resultan ni aburridos, ni pesados, y sobre todo, ni destacan ni desaparecen demasiado, por lo que se les ha tratado con justicia a lo largo de toda la historia. 

Respecto a la animación, los escenarios o los fondos no destacan demasiado, pero en cuanto a los personajes, el asunto es completamente distinto. Vivos colores, trazados estupendos y un muy buen dibujo.

De la banda sonora, diremos que se armoniza muy bien con las escenas, con ritmos muy alegres en las escenas graciosas y melodías tristes para las situaciones dramáticas. El opening viene de la mano de la cantante Saaya Mizuno («My secret»), y los dos endings («Yōkan» y «Mugen Loop») de la de Heidi. 

Ahora pasamos a la trama argumental. Muy buen comienzo, muy buena caracterización de cada uno de los personajes, y un nudo muy bien presentado. Pero… ¿y el final? Pues os lo diremos: apresurado y mal contado. Directo y sin anestesia. ¿Porqué, preguntareis? Pues porque los 26 episodios de esta serie abarcan los dos primeros cuartos del manga, que tiene 85 tomos más especiales. ¿Qué significa? Pues significa que el anime no abarca ni la mitad de lo que nos cuenta el manga. Y no, no habrá una segunda temporada. Lo que conlleva esto es que si queréis saber el final de esta historia, os vais a tener que leer el manga si, o si (cosa que tampoco nos parece justa). Por lo tanto, esto resta puntos a esta historia tan particular, ya que nos encontramos en la tesitura de tener que exponer tanto lo bueno, como lo malo. 

Ya os conté algo parecido en una de mis reseñas anteriores (Full Metal Alchemist: Brotherhood), y es que una mala adaptación, puede cargarse un anime en su totalidad (sino, que se lo pregunten a los que hicieron la masacre de adaptación del manga al anime de Tsubasa: Reservoir Chronicle).

Para finalizar, os contaremos que se han publicado 18 tomos recopilatorios a través de la editora Hana to Yume Comics. De abril a septiembre del 2010 se transmitió la adaptación al anime que constó de 26 capítulos y una OVA (el anime fue emitido en TBS y BSTBS durante la temporada de primavera de 2010 y producido por J.C. Staff). Actualmente, el manga es publicado en México por el apartado Panini Manga de Editorial Panini y en España se encuentra en publicación por Editorial Ivrea.

¿Un breve resumen? Vale, vosotros ganáis: altamente recomendable.


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